El faro

*El Faro
El faro que esta de aquel lado del mar
es el que dirige mi destino.
El faro que está de aquel lado del mar
es el que alumbra mi camino,
en medio de el mar inquieto.

El faro que me guía, me da su luz.
Eres tú mi amado Jesús, que
tu palabra, el mar aquieta
como aquietas mi corazón
en medio de la tormenta

Todo el que quiera llegar,
a un puerto seguro, a ti te deben de ver
en medio de un día oscuro.
Porque alumbras el camino
para llegar a un puerto seguro.

Cuando más arrecia la tormenta
volteo a ver el faro de luz,
eres tú mí divino Jesús
que a tu voz la tormenta cesa,
veo un faro de luz, de aquel lado del mar,
eres tú mi buen Jesús
que a puerto seguro, seguro me llevarás.

* El faro es un poema de la poetisa Alicia Pérez Hernández. La fotografía muestra el Faro Les Éclaireurs («los iluminadores», en francés) emplazado en el islote NE del conjunto de islotes Les Éclaireurs en el Canal Beagle, frente a las costas de la Bahía de Ushuaia, en Tierra del Fuego, Argentina.

En el fondo de la noche

*En el fondo de la noche…

En el fondo de la noche tiemblan las aguas de plata.
La luna es un grito muerto en los ojos delirantes.
Con su nimbo de silencio
pasan los sonámbulos de cabeza de cristal,
pasan como quien suspira,
pasan entre los hielos transparentes y verdes.

Es el momento de las rosas encarnadas y los puñales de acero
sobre los cuerpos blanquísimos del frío.

En el fondo de la noche tiembla el árbol del silencio;
los hombres gritan tan alto que solo se oye la luna.

Es el momento en que los niños se desmayan sobre los pianos,
el momento de las estatuas en el fondo transparente de las aguas,
el momento en que por fin todo parece posible.
En el fondo de la noche tiembla el árbol del silencio.
Decidme lo que habéis visto los que estabais con la cabeza vuelta.
La quietud de esta hora es un silencio que escucha,
el silencio es el sigilo de la muerte que se acerca.
Decidme lo que habéis visto.
En el fondo de la noche
hay un escalofrío de cuerpos ateridos

* En el fondo de la noche… es un poema de Gabriel Celaya . La fotografía está tomada en Punta Fariones, entre Órzola y La Graciosa.

Cuando muera el color


*CUANDO MUERA EL COLOR

Cuando el campo pierda el color
me abrazaré a una piedra en madrugada,
ahí entre ranas, arbustos y cigarras,
cuando el campo pierda el color
y se sequen las madrigueras
me abrazaré a una piedra en la alborada
contemplando la locura del castor
y el suicidio esperado del camaleón,
cuando muera el color
mi sangre perderá dramatismo
y fuego al ocaso de las tardes,
cuando monocromo sea todo
incluso el arco iris,
incluso el arco iris
y el otoño tras la hoja,
a una piedra me abrazaré.


* Cuando muera el color es un poema de Santiago Antúnez de Mayolo , que fue un ingeniero, físico y matemático peruano. Las fotografías fueron tomadas en el sendero de Marcos y Corderos en la isla de La Palma, y en los Jardines de Aranjuez.

Quintay


Fotografía de Manuel Fuentes

Quintay

El mar embravecido fue testigo.
Escarpado el cerro se despeña en rocas sueltas,
blanca estación de gaviotas que un día
de los despojos vivieron. Inocentes.
El viento ruge
trayendo del ayer el eco
del gemido de un gigante herido.
La rampa de antaño hiede aún a sangre fresca
y pasos caminan sin pisar
por no borrar las huellas.
Y la ola,
ya no lame, de imponente ballena, los ijares
por arpón avieso traspasados.
No se encanta el oído con el canto
que al hijo llamaba arrullando…
sólo se escucha el fantasmal lamento
en lágrimas de ámbar por su cachalote muerto.
Sobre el montículo de ruinas, pequeñas flores
apenas crecen, reptando
enroscadas en sí mismas
no quieren ver el mar, no miran la luz
ni descansan a la sombra de una estrella.
Sólo viven del recuerdo
de las ballenas muertas.


* Poema a las ballenas muertas : En la zona central de Chile, en una caleta de nuestra costa porteña, llamada ‘Quintay’, hubo hace ya muchos años, una ballenera muy grande. Recibía en sus instalaciones, barcos-factoría de distintos calados, que terminaron por hacer desaparecer absolutamente la población de estos inocentes mamíferos gigantes en nuestras costas. Hace poco más de dos años atrás, visité las ruinas de estas instalaciones y un museo que muestra los distintos modos de sacrificarlas, fotografías de sus cadáveres y las estadísticas de ejemplares muertos y faenados. Regresé silenciosa y dolida a mi casa y no hallé mejor manera de expresar este sentimiento que escribir este poema que te adjunto, homenaje póstumo a las ballenas del mundo.
Patricia Benavente Vázquez
Viña del Mar, 11 de abril de 2005

El cabrito

Fotografía de Manuel Fuentes
(Está tomada en el Monumento Natural de Los Ajaches)
EL CABRITO

Tiene el cabrito al nacer,
menos carne que un silbido.
No hay quien lo quiera comer.
Debe quedar al calor
y al cuidado de la madre
que mame lo que le cuadre
cuanto más tiempo mejor.
Y cuando ya está gordito
se le retira la teta
y se busca una receta
para este plato exquisito.
Puede prepararse frito
con sartén o a la parrilla
que es la forma más sencilla
de cocinar el cabrito.
Pero el que yo más prefiero
de todos los que he probado
es el cabrito adobado
hecho al estilo «gomero».
Con mi verso mal escrito
voy a dejar su receta.
La más sabrosa y completa
para guisar un cabrito.
El adobo verdadero
se prepara en un caldero
en hondilla o en lebrillo
y se mezcla con esmero
ajos, azafrán, tomillo
perejil, mojo palmero
laurel, pimienta quemona
vinagre, cebollas, vino
y apenitas de comino.
Con las hierbas de la zona
un buen puñado de sal
pero no más de la cuenta
y unos granos de pimienta
verde o negra que da igual.
El conjunto hay que bañar
con buen aceite de oliva
y el éxito sólo estriba
en saber dosificar.
Luego en el mismo caldero
el cabrito ya partido
se dejará sumergido
al menos un día entero
en el adobo bañado.
Se le da al baifo un hervor
revolviendo con cuidado
para que agarre el calor
hasta que quede dorado
el adobo que ha menguado.
Se fríe en una sartén
y se revuelve también
hasta dejarlo refrito
y luego en un santiamén
se esparce sobre el cabrito.
Y que usted lo pase bien.
Para terminar espero
que haga bien la digestión
y si el cabrito gomero
no le dio satisfacción
puede conservar el cuero
y hacer con él un zurrón.

El cabrito es un poema de Tadeo Casañas Reboso, ‘el sabio de El Hierro’.

Higo chumbos

Fotografía de Manuel Fuentes
HIGOS CHUMBOS

Chumbos, chumbos, higos chumbos. Él se está comiendo
un higo chumbo. Con piel, con pinchos. No le duelen los higos. Se
relame con su lengua larga, larga. Saborea. Corre a esconderse tras
la chumbera. Los chumbos, higos chumbos le rodean. Su coraza, su
piel es higo chumbo. Por entre los pinchos busco pinchos, busco un
cuerpo, busco hambrienta de higo chumbo. Se relame y se relame y
no deja de comer chumbos, higos, higos chumbos. Al coger uno me
pincho. Me pincho un dedo. Duele el dulzor del higo, duele la sangre
que gotea sobre higos chumbos. Su boca espinosa, clavada en higo
chumbo se relame. La lengua larga, larga me reclama. Aplico mis
labios a su lengua de pincho, larga de higo, de higo chumbo. Sorbo
el néctar de los higos de su boca. Chupo ese dulzor picante, me
hiero las encías y sangro y sangro. Muerdo su garganta, araño con
mis dientes su esófago. Absorbo su intestino largo, largo. Desencajo
mi mandíbula para comer chumbos, higos chumbos. Dulces, dulces.
El dedo de un pie asoma por entre mis labios y sorbo y sorbo. Sorbo
higos. Engullo, devoro, bebo zumo de higo chumbo. Me relamo y
relamo. Eructo. Mi eructo sabe a higo, a higo chumbo. Busco más
chumbos. Mi pesado, pesado estómago me entorpece. Busco más
de él, pero pesa y pesa y se revuelve dentro, dentro. Me clava higos,
pinchos de higo en el estómago. Tira de mi campanilla y la retuerce.
Clava y clava higos. El dulzor de los chumbos, de los higos chumbos,
se ha hecho amargo. Vomito higos, vomito chumbos sobre
chumbos, higos sobre higos, hombres sobre hombres. Vomito espinas,
vomito pinchos, vomito amores. Los chumbos, higos chumbos
duelen. Seducciones, seducciones de higo chumbo me seducen. Me
provocan arcadas. Vomito, vomito. Y me quedo, consumida, bajo la
higuera, hecha chumbo, hecha higo, empachada, despechada…

* Higos chumbos es un relato de Isabel Mellén.
La fotografía está tomada en el Monumento Natural de Los Ajaches.

Esa bella flor…el girasol

Fotografía de Manuel Fuentes
*A esa bella flor….el girasol.
Como el girasol,
que gira su rostro
permanentemente;
buscando la luz del sol;
así giraron y volaron
mis sentimientos,
queriendo ingresar
en lo más profundo
de tu corazón;
mi alma ilusionada,
en tí se refugió;
HOY soy yo,
quién le escribe
a esa bella flor,
que gira
alrededor del sol;
así, seguiré girando yo
en busca
del verdadero AMOR.

* A esa bella flor…el girasol es un poema de Cielo Estrellada.
La fotografía está tomada en Australia.

La última gaviota

Fotografía de Manuel Fuentes
*La Última Gaviota
Como una franja temblorosa, rota
del manto de la tarde, en raudo vuelo
se esfuma la bandada por el cielo
buscando, acaso, una ribera ignota.

Detrás, muy lejos, sigue una gaviota que

con creciente y pertinaz anhelo 
va de la soledad rasgando el velo 
por alcanzar la banda, ya remota.

De la tarde surgió la casta estrella 

y halló siempre volando a la olvidada, 
de la rauda patrulla tras la huella.

Historia de mi vida compendiada, 

porque yo soy, cual gaviota aquella,

ave dejada atrás por la bandada.* La última gaviota es un poema de Ricardo Miró. La fotografía está tomada en la isla de La Graciosa.

El tomate

Fotografía de Manuel Fuentes
El tomate *
Si del tomate canto sus bondades
y, manzana de amor, se me afrancesa,
mi diente ante el tomate se embelesa
y muerde sus nutrientes cualidades.
El tomate y sus rojas realidades
dando vida y color sobre mi mesa
a mi apetito en vilo de sorpresa
ante sus sugestivas prioridades.
Meshica xictlitomatl de jugosa
y sabrosa alegría singular
envuelta en digestivos y hondos ritos.
Que el sabroso tomate y su sabrosa
Pulpa nos enamora el paladar
cual bocado de dioses exquisitos.
* El tomate es obra del poeta loreño Juan Cervera Sanchís. La fotografía está tomada de la cosecha de casa.

En tus muros habita el dolor

Fotografía de Manuel Fuentes
 
En tus muros habita el dolor *
Por vuestras almas
estoy orando
por vosotros
los que no tenéis sepultura
digo el Kadish.
Con ceniza cubro todos los días
mi cabeza
porque es para siempre
mi duelo
por vuestros cuerpos incinerados
y por siempre acecha el espanto
en mi corazón.
* En tus muros habita el dolor es obra de la poetisa checa Erika Blumgrund. La fotografía está tomada en los hornos del campo de concentración y exterminio de Auschwitz, Polonia.