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lunes, 19 de diciembre de 2016

El cabrito


Fotografía de Manuel Fuentes
(Está tomada en el Monumento Natural de Los Ajaches)

EL CABRITO

Tiene el cabrito al nacer,
menos carne que un silbido.
No hay quien lo quiera comer.
Debe quedar al calor
y al cuidado de la madre
que mame lo que le cuadre
cuanto más tiempo mejor.
Y cuando ya está gordito
se le retira la teta
y se busca una receta
para este plato exquisito.
Puede prepararse frito
con sartén o a la parrilla
que es la forma más sencilla
de cocinar el cabrito.
Pero el que yo más prefiero
de todos los que he probado
es el cabrito adobado
hecho al estilo "gomero".
Con mi verso mal escrito
voy a dejar su receta.
La más sabrosa y completa
para guisar un cabrito.
El adobo verdadero
se prepara en un caldero
en hondilla o en lebrillo
y se mezcla con esmero
ajos, azafrán, tomillo
perejil, mojo palmero
laurel, pimienta quemona
vinagre, cebollas, vino
y apenitas de comino.
Con las hierbas de la zona
un buen puñado de sal
pero no más de la cuenta
y unos granos de pimienta
verde o negra que da igual.
El conjunto hay que bañar
con buen aceite de oliva
y el éxito sólo estriba
en saber dosificar.
Luego en el mismo caldero
el cabrito ya partido
se dejará sumergido
al menos un día entero
en el adobo bañado.
Se le da al baifo un hervor
revolviendo con cuidado
para que agarre el calor
hasta que quede dorado
el adobo que ha menguado.
Se fríe en una sartén
y se revuelve también
hasta dejarlo refrito
y luego en un santiamén
se esparce sobre el cabrito.
Y que usted lo pase bien.
Para terminar espero
que haga bien la digestión
y si el cabrito gomero
no le dio satisfacción
puede conservar el cuero
y hacer con él un zurrón.

El cabrito es un poema de Tadeo Casañas Reboso, ‘el sabio de El Hierro'.